Don´t buy this jacket
Vivimos en un mundo en el que constantemente nos bombardean con publicidad. Marquesinas de los autobuses, folletos en el buzón, anuncios en la tele, ¡incluso en Internet nos asaltan anuncios que en teoría están diseñados para ajustarse a nuestras preferencias hasta el más mínimo detalle! Este es un mundo en el que se nos bombardea con publicidad sobre colecciones que regalan en el periódico en septiembre; que en diciembre se ven sustituidos por anuncios de perfumes ininteligibles y de turrones; que en enero se cambian por los anuncios de antigripales... Si así año tras año, una y otra vez. Los anuncios cambian, los productos caen pero el marketing sigue entretejiéndose en nuestras vidas de forma que, cuando compramos algo, ni siquiera sabemos si lo estamos comprando porque de verdad lo queremos o porque el marketing ha resultado efectivo, tan efectivo que ni siquiera nos damos cuenta de que está allí. Ante esto ha nacido un movimiento: el antimarketing. Y es que, en ocasiones, el marketing llega a ser demasiado eficaz y la empresa se ve obligada a intentar reducir la demanda de su producto. En otras ocasiones se usa el antimarketing de forma paternalista para disuadir el consumo de ciertos productos nocivos para la salud, como el tabaco y el alcohol, o perjudiciales para el medio ambiente. Uno de los ejemplos más claros de los últimos tiempos es el de la marca Patagonia y su célebre campaña "Don´t buy this jacket". Patagonia es una marca de ropa y accesorios deportivos que está profundamente concienciada con el medio ambiente. Tan concienciada que, en un determinado momento, decidió hacer una campaña en la que pedía a sus potenciales clientes que no compraran el abrigo si es que su abrigo actual estaba en buenas condiciones, para no perjudicar al medio ambiente. Vivimos en una época en la que todo lo ecológico nos encanta y esta vez no fue la excepción. Las ventas de Patagonia crecieron exponencialmente, aún más de lo que lo habrían hecho de no haberse anunciado de esta manera. A mi modo de ver y, sin desmerecer lo que esta compañía hace por el medio ambiente, resulta un tanto irónico que una campaña que busca luchar contra el consumismo y las compras innecesarias tenga el efecto contrario con el consiguiente beneficio de la compañía. Ellos produjeron esas chaquetas y luego animaron a las personas a no comprarlas. ¿Acaso esperaban y ansiaban tener una ruptura de stocks? Porque no vender esas chaquetas también significa haber consumido recursos en vano y, con ello, haber perjudicado al medio ambiente en vano. En cualquier caso, en este enlace podéis leer algo más sobre la compañía:
https://www.marketingweek.com/2013/01/23/case-study-patagonias-dont-buy-this-jacket-campaign/
Pero el antimarketing, queridos lectores, es mucho más. Y es que las personas, los consumidores, en ocasiones nos cansamos de ser manipulados por grandes y pequeñas empresas en todas direcciones, arrastrados por los vientos de las distintas campañas igual que la bolsa que tanto gustaba de grabar en vídeo Ricky Fitts (Wes Bentley) en la aclamada película de 1999, American Beauty. Los consumidores reaccionan contra las marcas por diversas y numerosas razones. En el siglo pasado este descontento de los consumidores no importaba. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros tiene -calculando al alza- quinientos amigos, familiares y conocidos y una marca y no va a poder hacer partícipes de su descontento a más de la mitad. Hoy todo es diferente. Vivimos en la era de Internet y cualquier persona con Twitter, Facebook o Instagram tiene un megáfono. No, tiene algo mejor. Tiene acceso a cualquier persona de esa red social y tiene la capacidad para, convenciéndolas, hundir una campaña publicitaria. Naturalmente, no es lo mismo que una persona "corriente", con unos cuantos seguidores, diga que no le gusta una marca a que lo diga otra. Para muestra un botón: desde que Kylie Jenner dijo que no usaba Snapchat en un twit, la red social ha perdido más de mil millones en bolsa. Un twit + muchos seguidores = una compañía que se hunde. Ese es el poder de las redes sociales ahora, el poder del que goza un consumidor descontento. En el siguiente enlace podéis ver algunos otros ejemplos en los que el antimarketing juega un papel especial.
https://blogginzenith.zenithmedia.es/que-es-y-como-funciona-el-antimarketing-diczionario/
A pesar de los peligros que entraña para la empresa darle al consumidor tanto poder, también vivimos en una época de oportunidades para quien sabe aprovecharlas. Antes las empresas debían invertir millones en encuestas para conocer las opiniones de los consumidores de los productos, ofrecer muestras gratis por la calle o idear cualquier otra técnica que les permitiera obtener un feedback que, en muchas ocasiones, era escaso y sesgado. Hoy no es así. Las redes sociales no discriminan por género, clase, ingresos o lugar de residencia y todos los twits valen lo mismo. Las empresas tienen a su disposición una mina de oportunidades pues, igual que los consumidores insatisfechos tienen un megáfono, los satisfechos también lo tienen. Los consumidores están hartos de verse manipulados, de los anuncios en la televisión que parece que no van a acabar jamás y de los panfletos en los buzones que suelen acabar en el contenedor del reciclaje sin que les echemos ni siquiera un vistazo. Ante esto, a las empresas solamente les queda reaccionar y buscar una nueva manera de llamar la atención de los consumidores o, quizá, manipularles de una forma aún más sutil para que ni siquiera el más avispado de ellos se dé cuenta de que le están manipulando. Hay una nueva necesidad, la necesidad de vender el propio marketing. La pregunta es: ¿estarán las empresas a la altura?


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